UN HUMANISTA COMPLETO

    UN HUMANISTA COMPLETO

Ha fallecido el profesor-cantaor Alfredo Arrebola. En Villanueva Mesía nació y allí ha dejado de existir. Tuve la gran suerte de conocerlo en 2017, de la mano del también  profesor y poeta chauchinero Francisco Beltrán; y los dos participaron, entre otros, en la tertulia literaria de la asociación Unigrama, de Granada.

Arrebola fue aspirante a monje (convivió trescientos sesenta y cinco días con fray Leopoldo, como él decía); enseñó como maestro, como profesor de secundaria y universitaria, escritor y uno de os mejores cantaores de flamenco en todos los «palos».

Alfredo era una de las personas más cultas que he conocido, más que un pozo de sabiduría, yo diría que era un océano del conocimiento, y, sobre todo, fue un HUMANISTA completo y practicante.

Tenía una conversación fructífera, elegante, siempre respetando las opiniones de los demás. Se definía como un «socialista cristiano» y justificaba, que, por causa de ese cristianismo, que él mismo criticaba, a veces, y por doblegarse a «políticos con poco sentido común», no había sido encumbrado casi hasta el Cielo, donde tal vez ya se encuentre… Pero a él no le importaba, disfrutaba en su pueblo, al que había donado su grandiosa biblioteca sobre el flamenco y donde quedaba escrito su nombre con letras de hierro, las que permanecerán para siempre.

Jamás aburría su compañía. Un servidor lo ponía como modelo de persona activa, con ganas de aprender cada día y preocupado por cumplir, lo más formalmente posible, con los compromisos en los quehaceres de su estudio, en actos culturales y en una ejemplaridad repleta de rebosante amistad.

Mi querido doctor Arrebola, porque también leyó su tesis doctoral: a partir de ahora, tardaré mucho más de haber sido tu amigo, de lo buena persona que fuiste, de  tu legado docente en el amplio sentido, aunque no tuve la suerte de ser tu alumno; de ese prólogo adelantado que me has dejado escrito  para mi escrito de memorias; de esos libros, cuyas dedicatorias, algunas en latín, rezuman sabiduría. En fin, he quedado en deuda contigo porque te has ido demasiado pronto. Y lo que sí te puedo asegurar con todo mi nostálgico cariño, es que desde hoy y más que nunca, yo quiero ser como tú.

Descansa en paz, amigo Alfredo.

J. Miguel Hernández Blázquez

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